[…] Introducción/tercer compilado

En este contexto, se constituyó en desafío del progresismo demostrar que la solidaridad es más efectiva que el egoísmo para construir sociedades prósperas que satisfagan adecuadamente las necesidades materiales de todos sus miembros pero además  colmen su espíritu con sensaciones positivas que reemplacen la angustia existencial que el vértigo del alto consumo imprime en las sociedad competitivas de la actualidad; desde esta perspectiva se hizo imperativo sumar a los criterios objetivos de bienestar material, otros subjetivos de “bien ser” como una dimensión de realización del individuo y “buen vivir”, como una expresión de convivencia social justa e igualitaria.

La riqueza subjetiva corresponde a un salto enorme en relación al concepto de riqueza convencional, porque recupera la idea del buen vivir por sobre el bienestar económico/financiero, aunque no lo excluye; asume cuestionamientos filosóficos en relación a los motivos para existir y encuentra respuestas en un profundo sentido solidario del tránsito por la vida.

El llamado Socialismo del Siglo XXI que tuvo enorme relevancia en las primeras décadas del milenio en  América Latina, en la práctica lo que pretendió es impulsar la modernización del capitalismo mediante el establecimiento de relaciones más equitativas entre el capital y el trabajo; es decir, de lo que se trató es de darle un rostro humano al sistema capitalista vigente

En consecuencia, en un revolucionado sistema de creencias y valores los “renunciamientos” individuales que probablemente se deban hacer serían más que compensados por la seguridad que el grupo proporciona para vivir bien; por ejemplo: pago impuestos y cada vez hay menos niños desnutridos en mi país, pago impuestos y la educación pública mejora permanentemente, pago impuestos y las universidades locales se convierten en referentes internacionales,  pago impuestos y la atención en los hospitales públicos provoca tranquilidad, pago impuestos y tengo espacios públicos para disfrutar seguros con la familia, pago impuestos y uso menos mi vehículo personal porque el transporte público es excelente, pago impuestos y viajo por carreteras extraordinarias,  pago impuestos y tengo la energía más barata del mundo, etc.

Entonces se defiende una contundente acción del Estado, primero como principal garante de los derechos fundamentales a la salud y educación, segundo como promotor activo de la transformación productiva; esta fue la clave del éxito de los países que  dieron el salto al desarrollo y su población hoy se declara satisfecha con la vida.

En ese camino hacia el desarrollo y al “estado de grata satisfacción espiritual y física” como define la Real Academia de la Lengua a la felicidad, serán necesarias transformaciones profundas lo que demanda de la implementación sistemática de acciones orientadas a lograr objetivos de largo plazo, es decir,  se requieren políticas de Estado que trasciendan a los gobiernos.

Para consolidar estas políticas de Estado es necesario que los objetivos de largo plazo sean compartidos por la mayoría de la población y generen un entusiasmo generalizado que motive la acción colectiva para alcanzarlos, es decir, se requiere lo que se denomina ilusión movilizadora.

Lastimosamente, en el Ecuador y en casi todos los países de América Latina no hemos logrado establecer ilusiones movilizadoras que se sostengan en el tiempo para generar políticas de Estado y capacidad ejecutiva para que la acción de gobierno sea efectiva en su implementación; quizá en la ausencia de esa visión de largo plazo se encuentren las causas que determinan la falta de eficiencia y eficacia del aparato estatal.

¿Qué “organización” puede ser eficiente y eficaz si cada vez en cada cambio de autoridad se cuestiona todo lo anterior y se pretende comenzar desde cero? Este es el drama de la administración pública en países sin un proyecto nacional, se pretende reinventar el mundo cada vez que se produce un relevo y en la práctica solo se alimenta el statu quo.

En el mundo de la política generalmente no se sabe con precisión cuáles son los objetivos buscados en un periodo de gobierno, los discursos tienden a confundirnos y la memoria social termina siendo frágil. Es indispensable, cambiar la cultura política lo que demanda sembrar sueños colectivos inspiradores y transformarlos en objetivos que deben ser perseguidos en cada periodo de gobierno. Se requiere planificación de largo plazo y que existan planes operativos de corto plazo para implementar acciones orientadas a avanzar a hacia las metas propuestas.

Si verdaderamente pretendemos cambiar la realidad actual es fundamental consolidar una agenda estratégica de transformación inspirada en una verdadera revolución cultural que rompa los patrones de creencias y valores que nos han impuestos y responda a las siguientes preguntas: ¿para qué trabajamos? ¿por qué lo hacemos? ¿qué haremos? ¿cómo y cuándo lo implementaremos?

A partir de las respuestas a estas preguntas se puede definir un clara estrategia de  desarrollo que solo podrá ser efectiva si responde al interés mayoritario y se produce una apropiación social de la agenda transformadora de manera que se puedan sostener en el tiempo políticas públicas congruentes con los objetivos de largo plazo; cuando no existe tal apropiación social lo más seguro es que los planes queden como meras declaraciones de buenas intenciones abandonadas en función de las demandas coyunturales de los poderes fácticos para quienes es relativamente fácil hacer que prevalezcan sus intereses.

En este sentido, podemos lograr amplio consenso si decimos que los gobiernos deben trabajar para crear las condiciones de entorno adecuadas para que los habitantes de un país puedan alcanzar la felicidad porque el fin último de la política debe ser elevar la calidad de vida de la población y para el efecto, a la luz de la experiencia de los países más felices del mundo, deberíamos exigir a los gobernantes: lograr crecimiento económico minimizando las brechas sociales y disminuir sistemáticamente los riesgos que puedan atentar contra nuestra integridad física o sicológica.

En este contexto, el desarrollo será consecuencia del incremento de las capacidades productivas, de la adecuada distribución de los medios de producción y de la riqueza generada,  así como, del fortalecimiento de un sistema de creencias y valores colectivos que  promueva la realización del individuo en virtud del sentido que le da a su vida más allá de sus posesiones materiales.

FelicidadEC explora el potencial desarrollo del Ecuador y de América Latina desde esta perspectiva amplia; analizaremos cómo las políticas públicas y la promulgación inciden en la satisfacción con la vida de las personas considerando aspectos objetivos y subjetivos.

Publicado por

AXEA65

Yo soy hecho en Ecuador. Soy de razón y de pasión de soñar y realizar. Asambleísta Nacional. Función anterior: Ministro de Educación.

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